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Base documental
d'Història Contemporània de Catalunya.
Restauració 1 (1874-1898) - Fonaments de la Restauració
(1874-1898)
Una
visió de l´ordre públic a inicis de la Restauració.
(1876)
Font:
MAMERTO:El orden
público.Barcelona:"Diario de
Barcelona".X-1876.A: GARCIA-NIETO: Bases
Documentales,Guadiana de Publicaciones vol. IV; Madrid.
1971.185-187 pp.
Comentari:
Els fets que succeïren durant el
Sexenni Revolucionari (1868-1874) alarmren a les classes
dirigents de l´estat espanyol per la seva potencialitat
revolucionària o desestabilitzadores (carlins).
Iniciada la Restauració (1874-1931) l´ordre públic va
ser una de les preocupacions més importants dels seus
dirigents.
L´article fa una reflexió sobre els puntals fonamentals
de l´ordre públic a l´Estat Espanyol: Un exèrcit
disciplinat i la Guàrdia Civil. Assenyala també els
principals enemics de l´ordre públic: el socialisme i
el carlisme.
Text:
Somos los españoles la gente
más impresionable de la tierra. Basta que a uno o dos
hombres de más o menos importancia se les antoje decir
que está próximo el juicio final, para que, cuando
menos, la duda se apodere de los ánimos. Nadie aquí se
toma el trabajo de analizar la posibilidad de éste o el
otro suceso trascendental, se recibe la mala impresión y
el tiempo tan sólo es el que tiene la virtud de
desvanacerla.
No hace muchos meses que un amigo nuestro nos dijo en
serio lo siguiente. "No lo dudes, en las comarcas de
Jerez de la Frontera, por ejemplo, hay diez mil hombres
con armas dispuestos a lanzarse al campo al primer
llamamiento que les haga la revolución. "Claro,
hombre-le contesté, sorprendido de su rara ofuscación-,
¿ no recuerdas que cuando la fuerza ciudadana estaba
armada y preponderante y punto menos que dominando por
completo el elemento revolucionario en Jerez, apenas si
pudieron organizar algunas partidas, batidas, y deshechas
no bien levantadas? Por otra parte, ¿no comprendes que
sería imposible retener y conservar ocultas sin que
nadie se apercibiese y las descubriese, así a dos por
tres, nada menos que diez mil armas con sus
correspondientes municiones? Fíjate bien, analiza con
calma y serenidad las cosas y verás cómo caes en la
cuenta de que es un capricho ese temor tuyo, tanto más,
cuanto que el principio de autoridad vigorosamente
sostenido hoy, tiene a raya en todas partes el elemento
revolucionario que apenas puede dar señales de vida,
como no sea por medio de algún desahogo en el
extranjero." " A pesar de lo que me dices
-replicó-, sigo en mis trece." "Pues entonces
-concluí diciéndole-, siendo tú de la raza de
aquéllos a quienes los dedos se les antojan huéspedes,
lo mejor que puedes hacer es marcharte al país que creas
tranquilo para restablecer el sosiego de tu espíritu,
agitado por temores infundados y hasta pueriles."
Nuestra opinión, explícita, terminante acerca de la
cuestión de orden público, es la siguiente: la
apelación, el llamamiento a las masas inermes, es
simplemente, permítasenos la frase, la carabina de
Ambrosio. Ya lo hemos dicho otra vez, y hoy lo repetimos
si cabe con más fuerza de convicción. Mientras el
ejército se mantenga en su puesto, firme, disciplinado,
satisfecho, las masas inconscientes no sirven aquí para
maldita la pena. En tanto que las autoridades cumplan
enérgicamente con su deber, y pueden cumplir él
fácilmente hoy que se hallan revestidas de todos los
atributos de una fuerza moral incontrastable, no hay que
temer perturbación seria del orden público en parte
ajena. El ejército, por la cuenta que le tiene, pues
bien sabe la suerte que la revolución le reserva se
mantendrá cada vez más unido y compacto a la sombra de
la monarquía legítima, bajo cuyo cetro están
garantidos sus intereses permanentes y su porvenir
asegurado.
Es que, se nos dirá , ni tanto ni tan poco tratándose
de la cuestión de orden público, porque en la tierra
clásica de los pronunciamientos y fácil levantamiento
de partidas merodeadoras, no pueden asegurarse en
absoluto que el orden no se altere cuando menos en parte
tanto más cuanto que el plan ahora en boga parece ser
que se levanten numerosas partidas en el Norte y a la vez
se muevan y agiten y perturben el orden en el Mediodía
las masas socialistas. Vamos a cuentas. Nos parece
improbable por lo absurdo, toda vez que las guerras
civiles no pueden encenderse cada ocho días, que en las
montañas del Norte se enarbole la bandera de la
rebelión. ¿Y qué, en todo caso? Téngase presente que
los carlistas se alzaron cuando el principio de autoridad
estaba relajado y tenía poco ejército, y éste en su
mayor parte indisciplinado. Antes, el republicanismo
liberal había también sublevado 40.000 hombres armados,
poniendo, como suele decirse, toda la carne en el asador;
y, sin embargo, bastaron veinte días para vencer aquella
insurrección con bien escasa fuerza del ejército,
aunque hábil y rápidamente movida por el marqués de
los Castillejos.
Pero hoy ¿ ignoran acaso los elementos revolucionarios,
blancos y rojos, que el ejército es numeroso, que se
halla perfectamente mandado y dirigido, y que con el
número de hombres que se quisiera podría rápidamente
caer allí donde fuese necesaria su presencia y ahogar en
germen todo acto de rebelión? ¡ Que pueden levantarse
partidas ! Pues ahí es nada las brigadas y divisiones
que estarían dispuestas a lanzarse sobre ellas y
exterminarlas no bien aparecidas. ¿Y las masas
socialistas?
recidas. Ya se librarían bien de moverse, y en todo caso
bastaría y sobraría la guardia civil para meterlas en
cintura, como vulgarmente se dice.
Teniendo, pues, como tenemos; fe profunda con la
fidelidad del ejército, no nos preocupa poco ni mucho la
cuestión de orden público, que consideramos
absolutamente asegurada. A cuantos nos hablan de ella
manifestándose recelosos, les decimos sobre poco más o
menos lo que aquí dejamos expuesto. Es tal nuestra
convicción en este punto que oímos, como quien oye
llover; infundadas y ridículas alarmas.
El poder, la fuerza moral de la situación actual es
incontrastable, y son tantos y tan bien organizados los
elementos de que puede disponer para hacerse respetar,
que fuera de incidentes imprevistos, de aquellos que
están fuera del alcance de la previsión humana, largo y
fecundo en bienes para la patria común, promete ser el
período felizmente inaugurado por la restauración de la
dinastía legítima.
Mamerto
Madrid,
1 de octubre de 1876,
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