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Base documental
d'Història Contemporània de Catalunya.
Restauració 1 (1874-1898) - Fonaments de la Restauració
(1874-1898)
Guerra de Cuba (1895-1898):
Els deportats de Cuba. (19-XII-1896)
Font:
Pi y Margall, Francesc: Los
Deportados. A: VALENTI, Ignasi [ et. al.].España
1898.Francesc Pi y Margall.Madrid: Edición
Materiales.1968. 24-25 pp.
Comentari:
Francesc
Pi y Margall (1824-1901) critica les mesures
repressives del govern de l´Estat Espanyol aplicades als
cubans deportats a la Península. Se´ls fa un tracte
indigna que va portar , entre moltes altres coses, el
descrèdit de l´Estat Espanyol a Cuba.
Text:
El día 13 desembarcaron en
Cádiz nada menos que 174 deportados de Cuba. Había
entre ellos propietarios, comerciantes y letrados, y de
éstos, uno que ha sido juez en Güines. y secretario de
la Audiencia de Puerto Príncipe. Se los llevó a la
cárcel entre una apiñada muchedumbre que, según dicen,
pasaba de 8.000 almas; y da grima leer cómo se los
condujo. Iban amarrados de dos en dos, entre marinos y
guardias civiles con la bayoneta calada, y precedidos por
soldados de caballería. Se habría hecho más con
empedernidos criminaIes?.
No se trata de hombres culpables, sino de hombres
sospechosos, y fue ya inicuo llevarlos juntos a las
cuatro de la tarde desde la bahía a la cárcel. ¿A qué
hacerlos pasar por entre numerosas gentes, y exponerlos a
injustos ultrajes? ¿a que atraillarlos? ¿a qué
conducirlos entre bayonetas ? ¿a qué convertir la
simple prevención en castigo?.
Es la ciudad de Cádiz tal vez la más culta de España.
Aun siéndolo, hubieron de oír los deportados, además
de personales reconvenciones, fuertes silbidos. Hubo
indudablemente en las autoridades deseos de mortificarlos
y hacerlos pasar por la humillación y la vergüenza; de
no, muy de otra manera habrían procedido.
¿Es así como hemos de conquistar a los cubanos ? Duro
es que por simples sospechas se los arranque de su hogar,
se los traiga a la Península, se los prive de sus medios
de subsistencia y se los arruine, mas para ellos es, sin
duda, más duro que se los humilie y se los agravie. No
olvidarán nunca esos deportados el modo infame de
haberlos conducido a la cárcel. Las heridas del alma se
las siente más que las del cuerpo: dejan un encono
eterno contra los que las causaron. Odio, y odio
reconcentrado, nos tendrán mientras vivan esos hombres;
el odio encenderán en sus hijos, en sus deudos y en
todos sus compatricios.
¡ Que no sepamos en todas partes sino hacernos odiosos!
Somos verdaderamente indignos de tener coIonias. No las
tenemos sino por su mal y por el nuestro. Hicimos en la
conquista de América atrocidades sin número; lejos de
pensar en borrarlas en la memoria de nuestros semejantes,
no parece sino que pongamos empeño en continuarlas y
agravarlas. Se nos aborrece, y se nos aborrece con razón
de sobra.
19-XII-l896
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