| |
Base documental
d'Història Contemporània de Catalunya.
Restauració 1 (1874-1898) - Fonaments de la Restauració
(1874-1898)
El
Patriotismo (28-XI-1896)
Font:
Pi y Margall, Francesc: El
Patriotismo. A: VALENTI, Ignasi [ et. al.].España
1898.Francesc Pi y Margall.Madrid: Edición
Materiales.1968. 23-24 pp.
Comentari:
El patriotisme que predominava en
bona part de la societat espanyola a finals del segle i
que era estimulat per les mateixes autoritats, porta a
actituds que posen en qüestió el mateix concepte de
pàtria.
El patriotisme exclussiu nega la categoria de persona
humana a persones d´una altra raça i falseja la
realitat a favor d´uns interessos determinats.
Aquesta actitud porta a la insurrecció cubana i filipina
que alhora es conseqüència de la política portada a
terme pels espanyols a Amèrica: La victòria és, doncs,
una necessitat.
Text:
Tan ciego suele andar el
patriotismo, que frecuentemente denigra la patria.
Tenemos hoy dos guerras coloniales, y así en Filipinas
como en Cuba presenta débiles y mal organizados a los
insurrectos. Nada valen para él los generales que los
acaudillan, menos aún los acaudillados. A los filipinos
les niega hasta el carácter y la figura de hombres. ¿
No ve que si tales son los enemigos y no los vencemos en
el Archipiélago con diez ni doce mil soldados, ni en
Cuba con doscientos mil, la que sale mal parada es
nuestra pobre España? ¿Son soldados de papel los que
tenéis en Cuba?, podrán preguntarnos. ¿ Carecen de
estrategia y táctica vuestros generales? Cuando
vencéis, pobre es vuestra victoria; cuando salís
vencidos, vergonzosa es vuestra derrota. No ve ni acierta
a ver nunca el patriotismo, que cuanto más se ensalza al
enemigo, mayor es para la patria la victoria, menos
deshonroso el vencimiento.
Ciego anda aún el patriotismo empeñándose en ocultar
nuestras derrotas. Trascienden, y las abulta, por una
parte, la imaginación del pueblo, por otra el enemigo.
Públicas, producirían tal vez ardimiento; calladas,
producen desmayo. Si se las supiese a par de las
victorias, ni se concebiría, por otra parte, locas
esperanzas, ni se sentiría infudados temores. Conociendo
los ciudadanos todos el verdadero estado de la guerra,
habría opinión pública, y el Gobierno tendría norma a
que ajustar su conducta. Hoy, gracias a los errores del
patriotismo, Gobierno y opinión andan discordes y sin
rumbo. Resulta así el patriotismo más el enemigo que el
amigo de la patria.
No sólo calla el patriotismo nuestras derrotas, sino que
también exagera las pérdidas de los insurrectos y
disminuye exageradamente las nuestras. Llega en esto a lo
ridículo. De sus partes podría muy bien inferirse que
el enemigo se bate con cañas y el amigo con lanzas; el
enemigo dispara sus fusiles al aire, y el amigo al
corazón de sus adversarios; el enemigo pelea siempre en
campo abierto, y el amigo atrincherado. Ya hoy no es la
guerra entre cristianos y moros, para que podamos
atribuir a la ayuda de Dios tales milagros. A la célebre
batalla de las Navas asistió el arzobispo de Toledo. La
relató en su Crónica, y dijo después de haberla
escrito: << no queriendo los cristianos poner
término a la gracia de Dios, por todas partes
persiguieron infatigablemente hasta la noche a los
fugitivos agarenos. Según cálculo se cree que murieron
cerca de doscientos mil moros: de los nuestros apenas si
faltaron veinticinco. <<De nostris autem vix
defuere viginti quinque >> . Explicábase
aquí por la fe tan enorme diferencia. En Cuba y
Filipinas hay la misma fe o la misma falta de fe en uno y
otro campo.
Va también el patriotismo contra la patria aquí
ponderando la incultura de nuestros colonos, allí
quejándose de la falta de puentes y de caminos. ¡ Que
mayor censura para nosotros ! En cuatro siglos, ¿ no
hemos sabido los españoles civilizar a los filipinos, ni
abrir vias, ni levantar puentes que permitan recorrer en
todas direcciones nuestros dominios? La insurrección es
entonces para nosotros justo castigo, y la victoria de
los insurrectos una necesidad suprema. A dejar al
patriotismo libre la rienda, capaz seria de hacernos
aborrecer la patria.
|