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Base documental
d'Història Contemporània de Catalunya.
Sexenni Revolucionari (1868-1874) - Regnat d' Amadeo de
Saboia (1868-1873)
Tornada
de soldats de Cuba
Font:
RAMON Y CAJAL, Santiago ,Mi
infancia i Juventud. Madrid. Espasa- Calpe S.A. 1942.
236-238 pp.
Comentari:
Santiago Ramon y Cajal (1852-1934
)va estar a Cuba (1874)com a metge, però, la disenteria
el va fer abandonar l´illa juntament amb altres soldats
també afectats per diferents malalties.
El text ens narra cruament el trasllat d´aquests soldats
malalts i que molts d´ells morien en la travessia per
abandonament .
Com a contrapartida ens descriu un personatge que viu de
la situació de la guerra: un jugador de cartes.
Text:
CAPITULO XXV
ME TRASLADO A LA HABANA, DONDE RECAIGO DE MI
DOLENCIA.- Mi REGRESO EN EL VAPOR "ESPAÑA". -
CADÁVERES DE SOLDADOS ARROJADOs AL MAR.-TAHURES
TRASATLÁNTiCOS. - EL AMOR Y EL PALUDISMO. - VUELTA AL
ESTUDiO DE LA ANATOMIA
Días antes de zarpar el vapor, y cuando obraban en mi
poder el pasaporte y el billete para el viaje, sufrí un
ataque de disentería aguda.¡El naufragio a la vista del
puerto!...¡ Qué angustias devoré el verme nuevamente
postrado en el lecho, sin amigos que me atendieran y
precisamente en el ansiado momento de la liberación.!
Por fin, la Providencia apiadóse de mí. Y aprovechando,
impaciente, cierta débil mejoría, embarquéme
precipitadamente en el vapor España , que
zarpaba con rumbo a Santander. Conmigo abandonaron la
isla también muchos soldados inutilizados en campaña.
Los desventurados estaban enfermos como yo; pero, menos
atendidos, viajaban en tercera, hacinados en montón y
sometidos a régimen alimenticio insuficiente o poco
reparador. Yo me complacía en cuidarlos, procurandoles
medicamentos y alentando sus esperanzas. Algunos de
aquellos infelices fallecieron durante la
travesía.¡Qué desgarrador espectáculo contemplar a la
alborada el lanzamiento de los cadáveres al mar ! ....
En cambio, otros enfermos más afortunados mejoraban a
ojos vistas. Al alivio cooperaban la pureza del aire y la
ausencia de nuevas infecciones; pero obraban con superior
eficacia estos dos supremos tónicos espirituales:la
esperanza de ver pronto el patrio terruño y la alegría
de incorporarse al seno del hogar.
Yo fuí uno de los rápidamente aliviados por el ambiente
puro del mar. A mi arribo a Santander era otro hombre :
comía con apetito, estaba sin fiebre y podía corretear
por la ciudad montañesa.¡ Me había salvado!...
Quedábame sólo cierta demacración alarmante y la
palidez pajiza de la anemia.
Después de pintar un cuadro de tristeza desgarradora,
bien será dar una nota amena. Fué siempre nuestro país
fecundo solar del hampa y de la picaresca. Quevedo
podría escribir hoy, si resucitara, sus más graciosas
jácaras. En esto no hemos degenerado todavía. El lector
adivinará fácilmente que en un trasatlántico español,
donde se dan cita todas las clases sociales, no podían
faltar, además de hembras de vida alegre y ejemplares
típicos de petardistas de oficio y empleados
concusionarios, algunos genuinos representantes de
aquella castiza fullería tan perfectamente retratada por
nuestros escritores del siglo de oro. Tocóme
precisamente ser compañero de camarote de uno de estos
jugadores de ventaja, el cual no tenía más ocupación
ni granjería que ir y venir continuamente de España a
Cuba, a fin de limpiar, en unión de otros compinches y
con los mejores modos posibles, la bolsa de los indianos
opulentos, de los comerciantes con ahorros y de los jefes
y generales con suculenta pacotilla.
Nuestro elegante tahur viajaba siempre en primera, lucía
en sus dedos enormes solitarios, colgaba el reloj de
aparatosa leontina y vestía con esa fastuosidad
presuntuosa y cursi característica del plebeyo
enriquecido. Desde el primer día fingió compadecerse de
mi desgracia; y deseando protegerme y proporcionarme dis
tracciones adecuadas a mi estado, invitóme amablemente a
una partida de banca en la cual, gracias a las
habilidades de mi generoso protector, debía yo ganar
infaliblemente.
-Yo no tallo nunca -decíame alardeando modestia.
limítome no más a apuntar a una carta pequeñas
cantidades. Sólo cuando a las cuatro o cinco manos
conozco, por las señales del dorso, unos cuantos naipes
-y éste es mi secreto hago puestas de importancia,
ganando siempre.
De todos modos yo salí con mi empeño de purificar, en
lo posible, la administración del hospital. En lo
sucesivo, irregularidades, malversaciones y chanchullos,
si los hubo, redujéronse a un mínimo tolerable.
¡Cuán desconsolador para un corazón de patriota es,
después de cuarenta y nueve años, reconocer que
todavía buena parte de nuestros militares, empleados y
hasta próceres políticos siguen entregados al saqueo
del Estado! Y es que para muchos españoles el Estado es
pura entelequia, vacuo ente de razón. Estafarle equivale
a no estafar a nadie. ¡Singular paradoja creer que no se
roba a nadie cuando se roba a todos!.... Perdido el
sentimiento religioso, que antaño contuvo algo
inveteradas codicias, no hemos sabido sustituirlo con el
patriotismo, la religión fuerte y moralizadora de las
naciones poderosas.
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