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Base documental
d'Història Contemporània de Catalunya.
Sexenni Revolucionari (1868-1874) - Regnat d' Amadeo de
Saboia (1868-1873)
Proceder
Reaccionario del Gobierno Provisional (1869).
Font:
.ROURE, Conrad:Recuerdos de mi larga vida.(3 vols).
Barcelona: El Diluvio.1927.vol.III.223-227 p.
Comentari:
Conrad Roure i Bofill (1841-1828)
va escriure en tres volums la seva visió de Barcelona
durant molts anys. La seva ideologia era pròxima a
Valentí Almirall.
El text critica l´actitud del Govern Provisional format
arran de La Gloriosa de 1868. Segons Conrad Roure es van
reproduint els vicis de l´època conservadora,
allunyant-se de les reivindicacions populars que havien
donat peu a l´èxit del moviment.
Text:
Aquel Gobierno provisional, una
vez tuvo el Poder consolidado por el apoyo de las
Constituyentes, olvidóse por completo de su origen
revolucionario, echó mano de una reacción más
absolutista todavía que la de Narváez y castigó de
manera inhumana cuantas protestas y alzamientos se
efectuaron contra su poderío, que seguía no siendo
acatado por la mayoría de la nación, aunque la
candidatura gubernamental hubiese obtenido el triunfo en
las recientes elecciones.
Pero es que aquel triunfo no había sido alcanzado de una
manera honrada, como indiqué en uno de mis anteriores
capítulos, ya que el sufragio universal únicamente se
practicó legalmente en las grandes poblaciones, y en
éstas, a excepción de Madrid, pocos candidatos obtuvo
el Gobierno.
De manera que la victoria electoral obtenida por la
coalición no significaba la victoria deseada por el
pueblo español, y prueba de ello eran los
levantamientos, ora republicanos en unas provincias, ora
carlistas en otras, para sofocar los males el Gobierno
apeló a medios tan reprobables como los que puso en
práctica Caballero de Rodas en su famoso paseo militar
del mes de diciembre.
Si el Gobierno en aquel entonces usó de medidas
extremas, tenía la excusa de hallarse en una época
revolucionaria en que le era preciso emplear
procedimientos enérgicos y rápidos para alcanzar la
pronta pacificación del país.
Una vez confirmada su autoridad por las Constituyentes,
debía abandonar aquel procedimiento y buscar medios de
concordia para terminar las luchas ; pero nunca emplear
la violencia, la arbitrariedad y la injusticia como
escarmiento y castigo contra quienes no hacían en
realidad otra cosa que usar de idénticos medios que los
que emplearon aquellos prohombres gubemamentales para su
encumbramiento al Poder.
A mediados de febrero en diversos puntos de la Península
hubo manifestaciones en demanda de la abolición de las
quintas, uno de los extremos prometidos en el programa
revolucionario y luego no atendido por el Gobierno.
A estas manifestaciones de protesta uniéronse elementos
descontentos del Gobierno, republicanos v
tradicionalistas, v lo que comenzara en motín terrninaba
siempre slendo una verdadera insurrección, a la cual los
gobernantes ponían fin de una manera bárbara v
generalmente injusta.
En Jerez provocóse el motín entre el pueblo y un
carabinero que efectuaba el decomiso de una partida de
contrabando ; involucróse el grito de " i Abajo las
quintas ! "v en la contienda y terminó por
levantarse la población en masa, verificándose un
verdadero movimiento republicano que el Gobierno no supo
sofocar de otra manera que con la fuerza de las armas,
cayendo centenares de víctimas en la contienda, que
duró varios días.
En Cataluña también con motivo de las quintas hubo
protestas y altercados, que terminaron de una manera
arbitraria motivada por el Gobierno, y que referir
en uno de los próximos capítulos.
Pero la acción que levantó el clamor de la indignación
pública contra aquel Poder que, llamándose demócrata,
nos oprimía, fué el asesinato de nueve infelices
llevado a cabo en las cercanías de la Conrer¡a de
Montalegre, sobre Badalona, a principios del mes de
agosto de 1869.
Desde hacía algunos días, aprovechando aquella
atmósfera antigubernamental que dominaba en el ambiente,
los carlistas levantaron partidas en diversos puntos de
la Península.
Una de las primeras que se << lanzaron a la
montaña>> fué la del cura de Alcabón, en el
término de la Mancha.
El Gobierno desde hacía varios meses tenía noticias dei
movimiento carlista, pues eran muy frecuentes las presas
de armas y boinas que se efectuaban en las carreteras
fronterizas; de manera que, estando sobreaviso como
estaba, podía, sin verter ni una gota de sangre, evitar
el movimiento.
Pero decidió efectuarlo por medio del escarmiento,
medida mucho más cómoda, pero también más inhumana e
ineficaz, contraproducente a veces, y siempre reprobable
en un Gobierno que usufructuaba el Poder por
consentimiento nacional.
Cataluña había secundado el movimiento tradicionalista
y en el Vallés se formaron algunos contingentes poco
numerosos.
El Gobierno tenía en aquella región, en persecución de
las partidas, una columna al mando de un teniente coronel
de carabineros llamado José Casalís.
Este, con su columna, uno de los primeros días de agosto
salió de Mataró, dirigiéndose por Tiana a la Conrer¡a
de Montalegre, situada en un monte encima de la Cartuja
de aquel mismo nombre.
En la Conrería hallábanse algunas familias de
veraneantes que moraban en el odificio (sic), cuya
custodia estaba encomendada a un guarda jurado.
Al llegar Casal¡s a la Conrer¡a llamó al guarda,
preguntándole si tenía noticia de una partida que
merodeaba por aquellos alrededores, a cuya pregunta
afirmó el interesado que por aquellos montes no había
partida alguna. Casalís ordenóle que fuera con él a la
fuente que se halla a unos trescientos metros de la
Conrería, llamada Fuente de las Monjas. En ella había
un grupo de ocho hombres que almorzaban tranquilamente, y
Casalís ordenó a sus fuerzas que hicieran fuego contra
ellos. Realizada la orden, los atacados se ocultaron en
el barranco próximo, del cual las fuerzas
gubernamentales sacaban a los pocos momentos.
Llevados los ocho hombres hacia el pueblo de San Fausto
de Capcentellas, en una cañada que se halla a cosa de un
kilómetro de la entrada de la población, Casalís
ordenó a los prisioneros y al guarda que se
arrodillaran, y, sin escuchar las razones ni las
súplicas de éstos. los fusiló sin más expediente.
Por la noche en Capitanía se recibía el siguiente
despacho:
<< A las siete v media de la tarde facción batida
en las inmediaciones de Montalegre. Prisioneros, nueve,
fusilados seguidamente. En mi poder un caballo, boinas,
armas v otros efectos- Casalís.>>
Fueran o no facciosos, la medida del fusilamiento de
nueve hombres, verificado sin formación alguna de causa,
habiendo entre los fusilados dos muchachos de quince
años el uno y de diez y ocho el otro, era un extremo por
demás repugnante, un verdadero asesinato.
El culpable del mismo no era Casalís, que obraba según
órdenes recibidas, sino aquel Gobierno que le había
transmitido la orden.
Casalís no había sido más que un fiel intérprete del
mismo y a los pocos d¡as era ascendido a coronel.
Tales eran los procedimientos que ponía en práctica
aquel Gobierno popular y demócrata.
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